Los avistamientos, realizados en aguas libres de hielo a mediados del otoño austral, sugieren a los científicos que las poco estudiadas bahías antárticas son importantes zonas de alimentación de estas amenazadas ballenas al final de temporada. Pero tambiñen son el espejo donde se puede ver lo rápido que el cambio climático está afectando a la región.
Hace años, el hielo solía cubrir casi la totalidad de la bahía y los fiordos por el mes de mayo, protegiendo al krill y obligando a las ballenas a migrar hacia otra parte para encontrar alimento. Pero el avance del cambio climático sobre esta zona en los últimos 50 años ha reducido de forma sustancial la extensión de hielo y ha retrasado la aparición de la cubierta helada. Esto tendrá efectos sobre la capacidad del krill para regenerar sus propias poblaciones y, en consecuencia, de poder mantener las poblaciones de los depredadores antárticos que dependen del krill.



